domingo, 29 de enero de 2012

LOS CAMINOS A SEGUIR

Caminos a tomar
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Las semanas pasadas –por el manejo del caso Conga, la declaratoria del Estado de Emergencia, la caída del Gabinete Lerner e instalación del Gabinete Valdez– se ha abierto un debate entre las fuerzas de izquierda, movimientos regionales e intelectuales que están por el cambio, respecto al rumbo a tomar.

Óscar Ugarteche calificó de “masacre política” la caída del Gabinete Lerner y como una demostración de estilo en un sistema político sin estructuras político partidarias y con fuerte peso caudillista. Fue muy duro y anotó que: “La división derecha-izquierda está delineada por una conciencia ambiental versus políticas extractivistas; democracia participativa versus democracia electoral; derecho al cuerpo versus la sexualidad reproductiva compulsiva; las mejoras en los salarios y en la distribución del ingreso versus concentrar el ingreso y aquietar a los mercados; políticas económicas heterodoxas versus políticas económicas ortodoxas; modelo de crecimiento exportador versus un modelo de crecimiento hacia adentro; más impuestos a los ricos versus exoneraciones tributarias; lucha contra el racismo y toda forma de discriminación versus el status quo”.

Sinesio López, ex asesor de la PCM con Lerner y una cabeza de Ciudadanos por el Cambio, sentenció –en una entrevista– que: “Ollanta Humala renunció no solo a la Gran Transformación sino además a la primera Hoja de Ruta. Ahora creo que la llamada hoja de ruta es cualquier cosa…Ya no asume esos programas y en la práctica acepta el nuevo catequismo neoliberal con el que se viene gobernando desde los 90.” Plantea que las fuerzas del cambio deberían agruparse y asumir como base de unidad los ejes programáticos de la “Gran Transformación”, incluyendo a los nacionalistas que mantengan estas propuestas.

Carlos Reyna afirma: “El peso que ha cobrado el poder económico en este gobierno es notorio, el peso (de) las FFAA…e incluso la dirigencia conservadora. Pero eso ocurre porque se trata de un proceso que lleva a la Presidencia …a líderes construidos a base de su carisma personal y no a través de una organización colectiva, democrática con una plataforma programática y compromisos que se construyeron en el tiempo”. Llama, como Sinesio, a construir un gran espacio socialista con renovación de liderazgos.

Con sus propios matices plantean las cosas Arana en Tierra y Libertad, el MNI vinculado al Gobierno Regional de Cajamarca. En las bases hay malestar y cierto desconcierto respecto al rumbo de las cosas. El PS tiene pronto una Conferencia Nacional para discutir el tema, pero no se aleja de apreciar lo ocurrido como un gobierno en disputa desde que naciera y valora errores cometidos por la falta de articulación y estrategia de las fuerzas progresistas. El PCP, reconociendo problemas, considera que el apoyo al gobierno de Ollanta Humala es una base de unidad, pero con protagonismo de los movimientos sociales y programa.

Las fuerzas por el cambio reconocen la necesidad de definiciones. Pero no hay que ignorar realidades. Ollanta ha anunciado que irá sólo como PNP en las elecciones 2014 y 2016: obliga a otros a articularse y diluye GP que hizo posible la victoria. A su vez, que Humala gobierna en una correlación de fuerzas bajo la hegemonía de la ideología y peso de la derecha y el poder económico minero y financiero, mientras izquierdas y progresistas contribuimos a este escenario con nuestra desunión y falta de estrategia común, que debilitó al Gabinete Lerner. Tampoco podemos ignorar avances: la Consulta Previa, el fortalecimiento de Petroperú, una pizca más de la renta minera para el Estado, más presupuesto para programas y servicios sociales, política exterior, etc. Pero aún nada estructural y poca atención a demandas sociales, mientras los procesos anticorrupción se debilitan o los manipula la derecha.

No está todo dicho. Hay una batalla por dar. No hemos colocado una agenda, ni articulado, renovado y fomentado unidad de acción de los sectores de izquierda y progresistas para un frente por la Gran Transformación y el cambio que millones de peruanos anhelan. Es momento de actuar y unir la esperanza con la acción y la organización.

NO AL CAS

CAS y empleo precario
JAVIER DIEZ CANSECO


El Contrato de Administración de Servicios (CAS) es la última versión de formas de contratación temporal perversas que ha usado el Estado para contratar como temporales a personas que desempeñan funciones permanentes, negándoles derechos y estabilidad.

Padres del DL 1057, que le dio nacimiento en junio del 2008, fueron Alan García Pérez y Luis Carranza. Este sustituyó los Contratos de Servicios No Personales (SNP) que impulsó Fujimori, gobierno que destruyó los derechos laborales y precarizó el empleo desprotegido, impuso el despido arbitrario y lo aplicó cruelmente a más de cien mil trabajadores públicos (lo que ha provocado un largo proceso de lucha y logros por la reposición) y desarticuló el aparato estatal hasta minimizarlo. Ahora, el fujimorismo y el Apra se presentan como los defensores de los derechos laborales y acusan al gobierno de Humala de insensible y de negarse a derogar en el acto un régimen laboral que ellos crearon y usaron en las últimas décadas.

Curioso que, en este marco, el nuevo Primer Ministro Valdez declarara a RPP que tiene un alto concepto del pragmatismo económico del gobierno de Fujimori. Un abierto coqueteo, obviando despidos masivos, el golpe del 92, la Constitución fraudulenta del 93, la extranjerización de recursos y empresas públicas estratégicas, la precarización del empleo, la corrupción en el manejo fiscal y la violación a los DDHH.

El SNP y el CAS son modalidades fraudulentas de contratación: ponen como empleo temporal a trabajadores que desempeñan funciones permanentes. Los empleados públicos deberían ser contratados bajo uno de los dos principales regímenes legales imperantes: el DL 276 o Ley de Carrera Administrativa en el caso de los sujetos al régimen de empleo en el sector público; o el DL 728, que regula el régimen laboral privado y es vigente para trabajadores públicos que laboran en las entidades constitucionalmente autónomas o empresas públicas. Los contratos SNP y CAS recortan derechos laborales elementales que afectan haberes, vacaciones, seguridad social, licencias y, lo principal, la garantía de un mínimo de estabilidad laboral que garantiza tranquilidad en el hogar al impedir que el trabajador esté sujeto cada 3 o 6 meses a ver si le renuevan el contrato. Claro, la estabilidad no impide que alguien sea despedido por falta grave, como ir borracho o drogado a trabajar, causar accidentes o mantener un pésimo rendimiento laboral.

Ante el escandaloso sistema de SNP, el DL 1057 lo cambió por los CAS. La novedad, que los contratados inestables tenían acceso a Essalud durante su contrato, recibían 15 días de vacaciones al año (a diferencia de los 30 que recibe el resto) y podían aportar a un sistema de pensiones (voluntariamente los trabajadores antiguos y obligatoriamente los nuevos). Así mismo, se aplicaban jornadas de trabajo de 48 horas semanales que creíamos conquistadas desde Mariátegui y Haya de la Torre, a inicios del Siglo XX.

En el régimen de CAS, para que se hagan una idea, hay más de 130,000 empleados públicos. Entre ellos, personalidades como la Dra. Ruth Shady, que trabaja más de 18 años en el Proyecto Caral (la civilización más antigua de América: 5,000 años) y que logró declararla Patrimonio de la Humanidad. Su premio: un CAS, como a su equipo de trabajo.

Hoy, el gobierno plantea reformas que mejoran el CAS (30 días de vacaciones, aguinaldos en Julio y Diciembre, licencias laborales) y se “financiarán” con las partidas existentes (¿?) y someter a concurso a partir del 2013 –cuando exista la Ley del Régimen Civil a elaborarse en 180 días– el pase a planilla. Por si acaso, muchos CAS fueron contratados por concurso y su pase a planilla, si el mismo gobierno dice que puede ampliar los derechos que propone, sólo implicaría dos cambios: darles estabilidad laboral y derecho a procesos administrativos. Mientras los creadores del SNP y CAS embanderan ahora –cínicamente– su derogatoria, el gobierno –que levantó esta bandera, así como acabar con el abuso de los services y contratas privadas– debiera preguntarse si lo aconsejan bien quienes le proponen postergar la derogatoria del CAS.

elogio

Elogio de la izquierda setentera
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Ollanta está culminando la purga de los izquierdistas de su gobierno. Comenzó en el Ejecutivo y ahora ocurre en la bancada oficialista en el Congreso.

Pese a que los congresistas izquierdistas han estado aguantando los maltratos, ya parece inevitable la separación de un grupo de ellos de la bancada mayoritaria.

La figura de defenestrados no es buena para ningún grupo político. Quedar como perdedores y burlados, no es algo que dé imagen de fortaleza y carisma a nadie.

Por esto se habla del fracaso irreversible de toda una generación de la izquierda peruana, la de los años setenta, y que hoy, décadas después, estaría saliendo del escenario más derrotada que nunca.
Si se ven las cosas en perspectiva, se verá que las cosas no son tanto así. Primero porque, ya sea que los echen o se vayan de la bancada nacionalista, ahora habrá un grupo parlamentario de izquierda después de mucho tiempo.

Segundo, porque, ya liberados de toda sujeción al Ejecutivo o al oficialismo congresal, la izquierda ex humalista podrá vincularse con mayor libertad a una protesta social que los augures dicen será creciente de aquí en adelante.

Pero, ampliando la mirada no sólo al último año, sino a las últimas décadas, veremos que la izquierda setentera, pese a sus escasas victorias electorales, sin embargo ha tenido algunos importantes logros y aportes políticos para el país.

Más que ninguna otra corriente política, fue esta izquierda la que se batió contra la dictadura de Morales Bermúdez, obligándola a retirarse a sus cuarteles. Aunque pensó ilusamente que la revolución era el siguiente paso, de hecho hizo de partera para la democracia de los 80.

Esa izquierda perdió el rumbo justo en el escenario parlamentario que contribuyó a abrir. Hubo varias razones. Aprendió de política en dictadura, no en democracia. No pudo evitar la serie de derrotas sociales de esos años. Esas derrotas, más el terrorismo y la hiperinflación instalaron un clima conservador. Y no logró constituir un partido, se quemó en escisiones.

Volvió a lucir bien a fines de los 90, en la lucha contra Fujimori devenido en dictador, aportando a la nueva vuelta a la democracia en 2000. Su último gran servicio al país ha sido el del 2011: ayudar a derrotar a la hija y a los socios del dictador.

Aún es temprano para decir si la izquierda que apoyó a Humala se va del gobierno con menos de lo que tenía. Pero vistas las cosas con el prisma del tiempo no es del todo justo estamparle el estigma del fracaso.

En todo caso, Jeffrey Sachs, ese promotor de las doctrinas del shock económico, acaba de reconocer que el capitalismo de hoy tiene una enfermedad acaso terminal: su codicia enloquecida, su carencia absoluta de valores.

Es probable que pronto aparezca una nueva generación de jóvenes izquierdistas, con sus propios valores, para retomar lo mejor de los antiguos, así sea en medio de los ácidos reproches que usualmente hay entre tíos y sobrinos del mismo bando.

revocatoria no

la revocatoria
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De vez en cuando aparecen los temas vinculados a las alternativas para el ejercicio de la llamada democracia directa, referéndum, plebiscito, revocatoria. Ahora estamos en esta última, pues unas cuantas personas han iniciado un proceso para ejercerlo contra nuestra alcaldesa Susana Villarán. La revocatoria es el ejercicio de la ciudadanía para quitarle el poder a una autoridad elegida. En un buen número de países no es aceptada, pero sí lo es en el Perú. El argumento en uso es que así como el pueblo soberano eligió a una autoridad también puede después revocarla, que eso es la democracia.

Dos cuestiones básicas: primero, hay muchas formas o sistemas para ejercer el voto, sea para elegir o para revocar; todos han sido, en lo que a su funcionamiento se refiere, ampliamente estudiados. Segundo, la discusión sobre cuál es viable o mejor depende de un conjunto de factores, ideológicos, económicos, políticos y culturales. Las discusiones surgen de la confrontación entre esas dos cuestiones: cuál es el sistema en un determinado país más conveniente, cuál es más eficaz, cuál conlleva mayor y mejor representación, cuán oportuno es usarlo en determinado momento.

La sola enunciación de los temas vinculados a los sistemas de la democracia directa pone de manifiesto que es buen pasto para charlas inocentes o académicas pero también para el ejercicio de la demagogia más ramplona. Algunos han hecho carrera planteando su viabilidad en nuestro país, diciendo una y otra vez la misma cosa, durante años. Han tenido una cierta acogida, sobre todo por parte de una clase política muy interesada en el reconocimiento de los más variados derechos, aunque su efectividad sea nula, pero que olvida casi siempre hablar de deberes.

En algunos países, como Suiza, el uso de diversos sistemas de democracia directa es ampliamente utilizado y tiene aceptación mayoritaria. País pequeño, con comunidades culturalmente uniformes, étnicamente similares, buena educación promedio, alto nivel de vida, son características que siempre se ponen de relieve porque se afirma que coadyuvan para su aceptación. El referéndum también se utiliza en democracias avanzadas europeas sobre ciertos temas de gran importancia para la vida futura: así, se han puesto en práctica durante los últimos años en vinculación a determinados aspectos de la Unión Europea.

Pero lo que es preciso recordar es que el uso de los sistemas de democracia directa es una de las preferencias de los gobiernos autoritarios o dictatoriales, generalmente apoyados por campañas propagandísticas costosísimas y con un control directo o indirecto sobre los medios de comunicación de masas, utilizadas sobre poblaciones escasamente educadas, fácilmente influenciables, culturalmente lejanas a la práctica democrática, y con generalizado desconocimiento de las implicancias futuras del resultado. Estas verdades de a puño suelen ser dejadas de lado en los debates.

La revocatoria en un país de las características geográficas, étnicas, económicas, educativas, etc., del Perú, lo que ocasiona en la vida cotidiana no es el goce por el triunfo momentáneo de tal o cual posición, sino potenciar nuestra debilidad institucional, fragmentar políticamente más aún el país de lo que ya está, impedir el inicio y consolidación de propuestas de largo plazo que tanto necesitamos, seguir ahuyentando a los mejores de las tareas públicas. La revocatoria de un alto número de alcaldes es fruto de un sistema electoral que no consolida al ganador sino que lo debilita, más allá por cierto de que algunos revocados hayan sido unos sinvergüenzas. Eso es lo que debería debatirse.

La campaña iniciada contra Susana Villarán con el argumento de que no ha hecho nada o lo que ha hecho está mal no sólo es falsa sino además políticamente inconveniente. Está iniciando un mandato difícil y debemos esperar el fruto de sus iniciativas, llevadas hasta hora con mayor o menor eficiencia, pero siempre con transparencia y honradez. La campaña es una sucia escaramuza promovida por los necios que nunca faltan.

la captura de ollanta

sinesio lopez

La captura de Ollanta, como la de Atahualpa, se produjo en Cajamarca, coincidentemente en el mes de noviembre, pero con la friolera de 479 años de diferencia. Sus captores no han sido, desde luego, las huestes de Pizarro (reforzadas por Almagro) sino sus descendientes: los Velarde, los Castilla, con el refuerzo posterior de los Benavides y compañía. El rescate no ha sido un modesto cuarto dos veces lleno de plata y una de oro sino la codiciada mina de La Conga y sus lagunas atiborradas del metal precioso.

A diferencia de Atahualpa, Ollanta no ha sido felizmente condenado a la horca porque no arrojó la Biblia de los nuevos conquistadores (el catecismo neoliberal) sino que la ha hecho suya, la ha estrechado contra su pecho y todos ellos han quedado satisfechos. Hasta le han hecho creer que sigue gobernando el Perú desde el cautiverio. Como broche de oro, una encuesta, muy objetiva y muy oportuna, ha mostrado que los peruanos de los diversos estratos sociales están felices con la captura, el cautiverio, el rescate y la continuidad de su gobierno.

Más allá de las semejanzas y las diferencias, constato que la historia se repite, pero no voy a apelar a Vico o a Marx para explicar esa aburrida repetición. Me parece más fundada la idea del path dependence de los politólogos serios, (no de los figuretis que gustan tanto a la derecha), según la cual un hecho importante y decisivo de la historia de un país marca su camino y condiciona lo que viene después. Las instituciones, que encarnan trayectorias y punto de inflexión, son configuradas por la historia y los actores pueden elegir una alternativa entre diversos cursos de acción dentro de los marcos institucionales establecidos, pero no pueden elegir las circunstancias en las que ellos actúan.

La Conquista y Colonia han marcado la historia del Perú y los diversos esfuerzos por revertirlas han fracasado. El intento más serio fue el de Túpac Amaru en 1780, pero fue derrotado por los españoles con el alto costo de más de 100 mil muertos. La independencia del Perú fue una revolución ambigua, según el historiador inglés John Lynch. Los criollos querían la independencia sin abjurar de la Colonia.

Pablo Macera se ha preguntado cómo era el Perú al día siguiente de la Independencia y se ha respondido: el mismo de antes. En los años 30 del siglo XX, Haya de la Torre y Mariátegui, cada uno dentro de sus propios cauces, pretendieron construir Estado-nación, pero sus organizaciones y propuestas fueron cooptadas (Apra) o derrotadas (el PS y luego el PC) por la oligarquía.

Las reformas de Velasco y de los militares en los 70 fueron las que más lejos llegaron en el intento de revertir la Conquista y la Colonia, acabando con la oligarquía y el gamonalismo, pero los diversos errores del gobierno y de sus líderes y las adversas circunstancias nacionales e internacionales impidieron que el Estado-nación fuera impuesto desde arriba. Otro esfuerzo frustrado en los 80 fue la Izquierda Unida (IU). Muchos peruanos y peruanas esperábamos que Ollanta abriera el camino democrático de la gran transformación, impulsara un conjunto de reformas que acabaran con el capitalismo salvaje del neoliberalismo, instalara un capitalismo democrático en una primera etapa y avanzara luego hacia un desarrollo nacional inclusivo. Esperábamos que, a pesar de algunos recodos en el camino, se superaran las deficiencias de 1821, se construyera el Estado-nacional republicano y se contribuyera a celebrar en grande el bicentenario de la independencia del Perú.

La captura de Ollanta acabó con estos sueños. Pienso que Ollanta se resistió a ser capturado en un primer momento e intentó organizar un gobierno legítimo y viable sobre la base del triunfo electoral de la segunda vuelta. Su voluntad política no fue, sin embargo, muy vigorosa ni su imaginación muy fecunda para movilizar y organizar el apoyo popular que lo sustentara, que le permitiera cambiar la relación política de fuerzas y que bloqueara la ofensiva de la derecha económica, política y mediática y los susurros de sus asesores brasileños. Pocos días antes de la toma de mando, cedió a las presiones y cantos de sirena e invitó a Velarde y Castilla a que, en representación de los grandes grupos económicos y financieros, siguieran con la captura del Estado.

Se organizó entonces el gobierno de concertación integrado por Ollanta y sus amigos, la derecha económica y la izquierda. Con la salida posterior de ésta del gobierno y con el consiguiente fortalecimiento de la derecha económica y del entorno militar, se crearon las condiciones políticas para pasar de la captura del Estado a la captura de Ollanta.

difundir difundir

¿Cómo difundir el Informe Final?
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Está totalmente fuera de discusión la validez del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación como un acercamiento serio, meticuloso y honesto a lo que sucedió durante los años 80 y 90 en nuestro país. Lo que voy a plantear en este (corto) espacio son las posibilidades específicas de difundirlo:

1. Impulsar en las universidades que se dicten cursos sobre memoria y de alguna manera propiciar discusiones interdisciplinarias en las áreas de estudios generales.

2. Promover cursos que usen algunos de los 16 mil testimonios recogidos durante el proceso de la CVR para poder llegar a tener una visión menos estadística y más humana del proceso, en cursos de Lengua y Redacción, como parte de entender que lo literario en América Latina tiene un sustrato oral muy fuerte y ancestral.

3. Hacer concursos de tesis universitarias, tanto de licenciatura como de maestría y doctorado, que pueda plantear diversos aspectos sobre el Informe de la CVR. Conozco a varios y varias estudiantes holandeses, españoles, estadounidenses o alemanes que están actualmente abocados en sus tesis de grado a varios aspectos del Informe Final; en cambio, los peruanos son pocos (pero son… como diría Vallejo).
4. Editar y difundir algunos de estos testimonios en libros cuidados, ilustrados y con explicaciones sobre el proceso completo, para poder ser usados en colegios, universidades, institutos pedagógicos y talleres diversos.

5. La idea es que la difusión de los testimonios no se centre en análisis sociológicos sino en historias de vida, en testimonios palpitantes, editados por una mano que manteniendo los giros característicos de un castellano filtrado de otras lenguas, o en todo caso las traducciones de testimonios en otras lenguas, permita dar una fluidez al texto para ser leído de manera corrida y con fruición.

6. Permitir que el Informe Final sea recreado desde diversas experiencias artísticas. De hecho, Alonso Cueto, Santiago Roncagliolo, Óscar Colchado y un largo etcétera bastante fructífero de narradores peruanos, criollos y andinos y de todos los matices han tocado el tema de la violencia desde diversas fuentes testimoniales, periodísticas e históricas, y varios de ellos tomando como fuente el propio Informe Final. Y varios han ganado premios internacionales con estas propuestas.

7. Asimismo difundir, como han hecho varias instituciones como Ser o Comisedh, concursos de dibujos, cantos, cómics, poesía, narraciones que estén inspirados en el Informe Final o en todo caso en historias que se derivan de la violencia que sufrimos durante esos años nefastos.

8. Promover entre los jóvenes videastas y cineastas concursos de guiones que tengan como objetivo primordial el uso de los testimonios de la CVR o que a su vez puedan recoger testimonios de aquellas personas que no han podido darlos en su momento y que aún tienen la necesidad imperiosa de contar sus historias. La teta asustada está inspirada en una historia terrible de esta época.

Estas son solo algunas ideas que hemos venido pensando para difundir el IF de la CVR de la mejor manera, al margen de los medios de comunicación tantas veces refractarios a tocar el complejo tema del conflicto armado interno (terrorismo por un lado y represión brutal del

miércoles, 18 de enero de 2012

CHEJODE

Raúl Wiener
POLITIKA Analista

La saga de Chehade está llegando a su fin. Y a estas alturas, al margen de los aspectos anecdóticos de la historia en la que el ahora exvicepresidente hizo todo lo posible para que nadie le creyera y quedara siempre la sensación de que se le había subido el poder a la cabeza y que alguien se lo tenía que bajar, lo sustancial es que este caso como el de Alexis y otros, han servido para mostrar que, efectivamente, el poder del actual gobierno es mucho más restringido que el de sus predecesores.

Por eso se insistió en desaforar a un tipo que está pagando con 120 días de suspensión y la pérdida de la honorífica condición de reemplazo potencial del Presidente, por la estupidez de citar por su cuenta y riesgo a generales, y probablemente querer favorecer las gestiones de su hermano a cuenta del grupo Wong en Andahuasi.

Lo que es obvio después de tantos meses y zarandeos, es que la intentona de Miguel Chehade no prosperó, pero las consecuencias para su hermano Omar han sido devastadoras.

Por estos días, además, la bancada de Gana Perú se anda quejando que la Comisión de Ética del Congreso está parcializada, lo que se verifica en el hecho de que hasta ahora hay tres suspendidos de 48 denunciados, de los cuales todos son del partido de gobierno y hay un especial encubrimiento para la docena de Fujimoristas que están en la lista negra. Claro que uno podría plantearse la pregunta de Perogrullo: ¿es que recién se dan cuenta de este detalle evidente?

Suena aparentemente bien que el oficialismo no “blinde”, como se dice ahora, a sus militantes y permita las investigaciones y sanciones que correspondan, a condición de que el “no blindaje” no signifique exactamente lo contrario: la obligación de aceptar estar permanentemente en la picota de los partidos tradicionales como si tuvieran alguna superioridad moral para juzgar al otro. Casi podría decirse que el nacionalismo parlamentario ha estado exhibiendo una falta de garra frente a las otras bancadas, paralela a las debilidades del Ejecutivo ante la presión de la derecha empresarial y tecnocrática.

La falta de convicción en representar la voluntad del pueblo y encarnar una opción política “de abajo”, como dice el Presidente, se ha reflejado en cederle la agenda a Lay para que escoja a quiénes investiga, en dejar que el caso Chehade se prolongue, y en carecer de iniciativas que expresen la existencia de una nueva mayoría a favor del pueblo.

La famosa frase de Otárola sobre el “medio paso al costado”, cuando Chehade dijo que no renunciaría a la vicepresidencia pero no la ejercería, resume en buena medida la confusión existente. Si el vocero creía que su colega había cumplido con su primera respuesta, cómo es que ahora se felicita de una renuncia totalmente extemporánea.

Es impresionante cómo se jaquea al gobierno de Ollanta por el vicepresidente errático, los congresistas achorados, los hermanos que viajan, consiguen trabajo o pasan la noche del Año Nuevo donde no debe, etc.

Día y noche recibimos este mensaje que parece advertirnos que al barrio del poder se han mudado unos provincianos, nuevos ricos y ruidosos que se ganaron la lotería, y que hay que tenerlos a raya para que no desarreglen la cuadra.