martes, 28 de junio de 2011

AEROPERU VUELVE

Raúl Wiener






Aeroperú y la Línea de Bandera



Los opositores a la propuesta nacionalista de recuperar para el país el derecho a tener una línea de bandera que surque los cielos nacionales y nos conecte con el mundo, han empezado a sacar argumentos que forman parte de los más gruesos y falaces lugares comunes de los últimos veinte años:

-Para qué interesarse en intervenir en una actividad económica en la que ya está participando el sector privado, aunque éste sea mayoritariamente extranjero.

-Las empresas públicas son ineficientes y corruptas, mientras las privadas serían todo lo contrario.

Pero no es verdad que en el Perú se está brindando un servicio de transporte aéreo como el que existe en otras partes del mundo: conectividad a todos los puntos del interior (hay sobreoferta en algunas rutas y abandono de otras menos rentables), ni aprovechamiento de rutas internacionales con beneficio para el usuario peruano (nos integramos a circuitos de empresas extranjeras, lo que no nos permite bajar tarifas como se hace en otros casos por mecanismos de compensación), nos sometemos a abusos monopólicos, etc.

Tampoco es cierto que la aviación comercial peruana haya sido deficiente como actividad empresarial pública y exitosa como privada, como pretende la mitología neoliberal. AeroPerú fue una buena empresa, a la que maltrataron varios gobiernos (especialmente el primero de Alan García que la hizo trabajar por debajo de sus costos), pero su fracaso y colapso sobrevino del proceso de privatización corrupto que se ejecutó durante el gobierno de Fujimori (la más corrupta de las privatizaciones, según Alejandro Toledo).

Eso de “Aeropeor” es un cuento que justificó el regalo de activos y derechos de todos los peruanos a intereses mexicanos, asociados con grupos peruanos (Graña y Montero y otros) y a funcionarios corruptos como el exministro Camet y su superasesor Roberto Abusada que era a la vez presidente de AeroPerú privatizada, mientras cobraba sueldo en el MEF, y es todavía la tapadera del robo que se produjo con la falsa liquidación que convirtió a los accionistas mayoritarios (AeroMéxico) en supuestos acreedores y rematar terrenos, locales, aviones y repuestos, a favor de ellos mismos, y en perjuicio del Estado, como accionista y recaudador de impuestos, y de los trabajadores.

Precisamente los que hacen gestos como que eso de la aviación comercial es una bagatela de la que no deberíamos estar discutiendo, se mueven entre los que tienen miedo de que se remueva el pasado y salgan las evidencias de la corrupción, y los que actúan directamente en asociación con los intereses de la empresa Chilena que controla el 70% del mercado aerocomercial peruano.

El hecho es que la nueva gestión gubernamental debe ser consciente de que este es un tema que no aguanta la mantención de la vergonzosa y dañina situación actual, en la que inversionistas extranjeros explotan un servicio en el que los Estados tienen derechos mundialmente reconocidos, y en el que gente corrupta se mantiene impune bajo el pretexto de que nos liberaron de las pecaminosas empresas públicas.

Legalmente el Perú tiene una línea de bandera que es AeroPerú, con un patrimonio, mermado pero reconstituido, y que podría volver a operar como una asociación público-privada como esas que ahora están tan de moda. Es cosa de tener el coraje para imponer una decisión soberana y recuperar el sentido de país

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