domingo, 7 de noviembre de 2010

MUJER Y APELLIDO

En el país al menos 500 mil mujeres son madres solteras, que no mantienen ninguna relación con el progenitor. Contamos también en el país con 1 millón novecientos veinte mil mujeres jefas de hogar. Otro dato a tener en cuenta es que casi un 20% de la población peruana profesa una religión distinta a la católica o ninguna. Datos INEI Censo 2007.


En España el gobierno promueve una norma relevante en relación a la equidad de género y a la concepción de familia. El proyecto, de ser aprobado, establecerá que las parejas que tengan un hijo puedan decidir cuál apellido es el que se coloca primero, sea el del hombre o el de la mujer; además prevé el retiro de cualquier referencia al estado civil de los padres al momento de la inscripción.

Como era de esperarse la norma no ha sido bien recibida por la oposición conservadora del Partido Popular (PP), porque la propuesta ataca una de las columnas de la sociedad patriarcal.

Como sucede en otras culturas, es casi obvio que quien tendría mayor derecho de trasmitir el apellido a los hijos fuese la mujer, ya que ésta es la que alberga al humano antes de nacer, con todo lo que ello implica; algo que sí reconocen Brasil y Portugal, donde los hijos llevan el apellido de la madre y opcionalmente pueden agregar o anteponer el del padre.

Pero el patriarcado no se ha diluido en nuestras sociedades supuestamente modernas, y el hombre ha impuesto el apellido como símbolo de filiación; apellido que en muchos casos queda sólo como un recuerdo, teniendo en cuenta la elevada tasa de padres que desconocen su responsabilidad.

A los datos nos remitimos
Por otro lado, la desaparición de la alusión al estado civil debiera verse como una cuestión obvia, si se tiene en cuenta que en España la proporción de hijos de parejas no casadas se duplico en diez años llegando hoy al 32% de los nacimientos. En el caso peruano la situación no debe ser muy distinta, si observamos que de todas las parejas peruanas, aproximadamente un 46% convive y un 54% está casada (Datos del Censo 2007 INEI). Vemos que la familia tradicional bendecida por la iglesia y validada por la ley, sufre un retroceso constante no sólo en Europa sino en nuestro país. En ese contexto es oportuno que la ley se adecue a la realidad, como es función del derecho.

Pero este proyecto de norma que ha desatado un gran debate en España influye también en las relaciones de género que hasta hoy, pese a los grandes avances en el reconocimiento de las capacidades de la mujer, persisten velada o expresamente. Imponer el apellido del hombre a la descendencia marca el destino de los hijos como es obvio, pero sin duda es un acto de sometimiento a la mujer que no resiste un análisis objetivo. Es la subjetividad la que hace que ello persista, porque asumimos como natural que el hombre es quien conduce y lidera un hogar, cuando la realidad no es tal.

Y no sólo eso se da en los hogares. En la sociedad en general la relevancia de la mujer es eje para las acciones que los hombres podemos desplegar. Una madre y una compañera, en la mayoría de los casos, son las que asumen las responsabilidades más delicadas en la familia; en el conjunto social si bien eso no se observa tan claramente, podemos reconocerlo si analizamos dónde, cuándo y cómo las mujeres participan a veces invisiblemente en todos los ámbitos. No es extraña entonces, por ejemplo, la reacción que tuvo la jerarquía católica cuando El Código da Vinci propuso que la fundadora de la iglesia fue una mujer.

Mujeres y política
En política las mujeres ya logran llegar a donde hace pocas décadas hubiera sido casi un sacrilegio. Hillary pudo ser presidenta y puede serlo en unos años, Segnole Royal perdió frente a Zarkozy por muy poco y puede remplazarlo. Dilma Rousseff acaba de ser elegida presidenta del quinto país mas poblado del globo; Cristina Fernández, Bachelet y Chinchilla, entre otras, han puesto lo suyo en la política latinoamericana; mientras en el Perú tenemos a nuestra primera alcaldesa de Lima. Y si hablamos de mujeres peruanas, por sobre todas sobresale sin duda, la que de estar viva la política femenina en el país seria distinta: María Elena Moyano.

La mujer en buena medida ya se rebeló, por ello la alta incidencia de crímenes contra ellas; el celo del hombre es silencioso y se manifiesta brutalmente. Una mujer liberada es un peligro, una mujer liberada sexualmente es un monstruo, una mujer intelectual atemoriza, una mujer deportista nos pone en nuestro lugar, una mujer que gana más todavía no se procesa.

Por eso la posibilidad de que sea una decisión compartida la de colocar el apellido materno o paterno a los hijos, es lo mínimo en lo que se debería avanzar en toda sociedad moderna. No importa que pueda haber hermanos de padre y madre con el orden de los apellidos distintos; se trata de una atribución que engloba la libertad de decisión.

Y en relación a la sagrada familia, como algunos aún la pretenden definir, una cuota de realismo bastaría para reconocer que está en retroceso y que existe una diversidad que ya no puede ser ocultada ni por las estadísticas ni por los tabúes.

La realidad es contundente frente a los que pretenden limitarla manteniendo leyes hoy pretéritas. Acaso no sea una prioridad de orden vital los cambios que hoy se discuten en España, pero sí son una necesidad que por estas tierras debemos empezar a discutir.

Alexandro Saco

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