viernes, 30 de octubre de 2009

“Flor de Retama” está de fiesta


Hay canciones que, con el pasar del tiempo, dejan, de alguna manera, de pertenecer a su autor. Existe algo de magia en ellas que pasan de generación en generación, de voz en voz; mientras la gente se pregunta: ¿quién la compuso? ¿cuándo? ¿por qué? Pasan estas canciones como himnos de los que todos quieren apropiarse porque entra sin freno hasta en el corazón más fuerte, hasta en el oído más duro. Causan emoción, enternecen, indignan, enseñan, hacen bailar y hasta pueden dar miedo. Es el caso de la canción “Flor de Retama”, que cumple 40 trajinados años de existencia. Digamos que es ya una canción adulta, señorona, de traje sobrio y mirada seria que, por su contenido social, quizá precursora para la música tradicional ayacuchana de amores sufridos. A veces es malinterpretada.Hablamos con el padre de “Flor de Retama”, el profesor Ricardo Dolorier, en esta sala que es una fiesta de cuadros y de música, imágenes y sonidos adornan la casa. Alguien pide bajar el volumen de la música y así el gran “Dúo García Zárate” sigue sonando, pero bajito. Llega a la casa el profesor y activista cultural Flavio Gallo que no canta; pero está muy emocionado con el cumpleaños de la canción. Este hombre de 78 años de edad, uno de los fundadores del Sindicato Unitario por los Trabajadores en la Educación del Perú (Sutep), allá por 1972 en el Cusco, tiene una apariencia curiosa. Por su poblada barba blanca, lentes gruesos y gorrita, uno no sabe si saludarlo o pedirle bendiciones.Bueno, pero no hay que distraernos más. Conversemos ya con don Ricardo sobre cómo nace su canción que hizo temblar a dictadores y temer a presidentes.__Cada vez que suena “Flor de Retama” cierta gente dice que esa canción es senderista.__Es que abunda gente mal informada. Ocurre que la canción tiene una larga historia. Es verdad que ha sido usada, utilizada y manoseada; pero las cosas se van aclarando y estoy contento porque la canción, que estaba prohibida y proscrita, ahora es cantada hasta por el coro de la iglesia de Huanta. El año pasado, cuando la provincia ayacuchana de Huanta cumplió ciento cincuenta años de creación política, ceremonia a la cual fue invitado don Ricardo, el coro de la iglesia, luego de la formalidad del caso, cantó “Flor de Retama”. Ese mismo día la banda de la Policía hizo lo suyo con “Flor de Retama” para cerrar. Las cosas van cambiando; sin embargo, inclusive en la universidades, aún hay gente que dice: “Ay, no, ‘Flor Retama’, no, cualquier huaynito llorón sí; pero, ‘Flor de Retama’, ‘nifre”.Nace la canciónHuanta tiene la fama de ser una de las provincias más levantiscas de Ayacucho. En la época colonial, por ejemplo, los comuneros de las alturas de Huanta lucharon con los realistas contra la independencia americana; en la República, se levantaron contra la ley que obligaba a los campesinos a pagar impuestos por la sal que sacaban de las minas y frenaron aquella medida; también lucharon y dejaron sin efecto la norma del primer gobierno del presidente Fernando Belaunde que indicaba que los campesinos debían pagar “un impuesto por el agua” que los comuneros habían canalizado para sus regadíos. La canción nace, indica Dolorier, en 1969 como homenaje a una protesta estudiantil huantina contra el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado. Pero dejemos que el profesor Dolorier nos recuerde la época: “Hacia 1969, el gobierno militar de Velasco pretendió reglamentar la gratuidad de la enseñanza disponiendo que todo estudiante de secundaria, que desaprobara una asignatura en el primer examen bimestral, debía pagar un impuesto de 100 soles hasta fin de año. Los perjudicados eran generalmente hijos de campesinos cuya lengua materna era el quechua. Desaprobaban los cursos de castellano, matemática, inglés e historia universal. Hubo protestas contra la medida en todo el país”.“En Huanta, en junio de 1969, los directores de los colegios empezaron aplicar la medida. Entonces el turno de la noche del colegio de Huanta que yo, en 1963, ayudé a fundar, tomó el colegio. La protesta fue creciendo de manera inusitada. Los campesinos se unieron a la lucha y se generó una huelga no sólo en todo Huanta sino también en Huamanga. El 21 de junio, hubo enfrenamientos y detenidos en Huamanga. Los Sinchis, grupo antimotines de la Policía, actuaban ferozmente contra los manifestantes porque el gobierno había declarado toque de queda todo el día”.“El domingo 22 de junio, se produjo un mitin en Huanta con la participación de padres de familia y estudiantes. Un grupo de campesinos, para llegar a la plaza a fin de participar en el mitin, quiso pasar por la calle donde estaba la comisaría. Cuentan que una campesina, con un palo en mano, se enfrentó a los policías que no dejaba pasar a los comuneros a la plaza. ‘Una sola es la vida, una sola es la muerte’, dicen que gritó la mujer antes de ser acribillada a quemarropa por los Sinchis. Desde ese momento todo se tornó incontrolable. Los policías de Huanta recibieron apoyo de Huamanga y los Sinchis dispararon a matar con la intención de escarmentar a los estudiantes y al pueblo de Huanta que luchaba por sus derechos ante una medida torpe del gobierno militar. Oficialmente, el gobierno reconoció 20 muertos entre campesinos y estudiantes; pero hay versiones de comuneros que indican que los Sinchis recogieron muertos en un camión de basura para sepultarlos clandestinamente. Realmente fue espantoso”, recuerda Dolorier. El dolor de DolorierEl profesor de Dolorier recibió la noticia en Lima. Dos de sus alumnas del turno de noche aparecían en la lista de muertos y eso le causó tal indignación que lo tuvo pensando por días enteros, lloró mucho. Desde aquel momento dentro del profesor Dolorier fue forjándose poco a poco la canción. Los sonidos y los recuerdos y la indignación hacían lo suyo. La canción fue gestándose por piezas en mañanas claras y en las noches de bohemia con amigos como el legendario compositor Manuel Acosta Ojeda y el escritor Oswaldo Reynoso. Casi a finales del año 1969, en noviembre, la canción ya estaba lista. Cierta madrugada, Dolorier fue a cantarle su hazaña al escritor Oswaldo Reynoso, y a éste le gustó tanto que se arrodilló ante el hombre de “Flor de Retama”.Ese año Dolorier volvió a Huanta y ésta seguía resentida y dolida por la masacre del gobierno militar. Ahí conversó y les enseñó su trabajo a los bohemios del lugar que se reunían en el bar “Donde mueren los valientes”, atendido por una persona discapacitada que guardaba las cervezas bajo su cama, que estaba cerca de la puerta para que nadie escapara. Cuentan que el gobierno militar se enteró de la existencia de la canción de Dolorier y la prohibió; llegó a decomisar el primer disco que grabó el “Trío Huanta”; pero los huantinos la cantaban en los bares en la agonía de la noche y en las fiestas populares cuando había la seguridad de que los policías ya se habían ido. Así la canción empezó a tomar fuerza y entró en los sindicatos, en la reunión de jóvenes poetas, en los círculos literarios, en las veladas nocturnas donde se tramaban planes políticos. Ya a mediados en los años ochenta hubo rumores de que la canción era utilizada por los terroristas de Sendero Luminoso para enviar mensajes ocultos para seguidores escondidos y hasta en Bolivia los policías temían ante el sonido de la canción. “Yo sé que Sendero Luminoso lo tomó prácticamente como himno. Pero uno no escribió la canción para eso, uno como autor no puede impedir que se mal use la canción”, dice Dolorier. “Además la cantante Martina Portocarrero le cambió el orden de las estrofas y he oído que llegó a decir en varias ocasiones que la canción le pertenece. Esas cosas pasan”, agrega.Este profesor de lengua y literatura, famoso en el magisterio por el “Método Dolorier” que propone que la buena entonación en la lectura es la clave para la compresión de un texto, no escribió otra canción tan fuerte como “Flor Retama”. Sin embargo, creó una frase que los profesores usan mucho en su lucha para tumbar al dictador Francisco Morales Bermúdez: Ser maestro en el Perú es una forma muy peligrosa de vivir, ser maestro en el Perú es una forma muy hermosa de morir. “Esta frase fue traducida a varios idiomas en Europa y salía en postales y desprestigió mucho a la dictadura de Morales Bermúdez”, dice. Hay en este hombre algo admirable. Siempre está pensando en cómo mejorar las cosas. Paco Moreno Redacción

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