miércoles, 29 de diciembre de 2010

100 AÑOS DE LA REVOLUCION MEJICANA

.Por Antonio Zapata

Al terminar el año 2010 recordamos el centenario de la Revolución Mexicana, que abrió el camino para el protagonismo popular en América Latina, impactando profundamente en toda la región. El continente venía de un siglo XIX profuso en revoluciones políticas y militares, que cambiaban todo para no cambiar nada. En contraste, la Revolución Mexicana fue la primera experiencia de transformación social multitudinaria, ubicando en la escena política a las masas campesinas y sus reivindicaciones históricas.

Los 30 años anteriores, México había sido gobernado por Porfirio Díaz, quien había modernizado el país, promoviendo la implantación de grandes negocios capitalistas sobre una estructura social tradicional. Las tensiones políticas eran agudas porque el patriarca se reelegía regularmente. Finalmente estalló un levantamiento dirigido por Francisco Madero, quien al grito de “sufragio efectivo y no reelección”, obligó a la dimisión de Díaz.

A partir de entonces, dos procesos se retroalimentaron. Por un lado, el impulso democrático que proclamaba elecciones libres y alternancia en el poder. Este principio ya había sido esgrimido por el mismo Díaz tres décadas atrás, cuando había llegado por primera vez al gobierno desplazando a los liberales, herederos de Benito Juárez, quienes se quedaron también entornillados en el poder. Así, la consigna democrática era importante, pero estaba desgastada porque su aplicación ya había derivado anteriormente en más de lo mismo.

A continuación, los reclamos de los desheredados ocuparon el centro de la escena. En este sentido, la Revolución Mexicana fue un proceso único, que en realidad inauguró el siglo XX en toda América Latina. A nivel continental, la vigésima centuria estuvo definida por el ingreso de las masas populares en la política, donde habían estado ausentes y proscritas durante el siglo XIX. La sucesión de liberalismo y populismo, en buena medida, se explica por el afán de encuadrar ese protagonismo popular en el mundo de las decisiones y los intereses políticos.

Pues bien, el carácter y la naturaleza del siglo XX latinoamericano fueron definidos en México, al ingresar los campesinos a la lucha. Ellos se hicieron presentes en dos frentes. Por un lado, los rancheros del norte comandados por Pancho Villa, que provenían de una cultura mestiza y ganadera. Por el otro, los campesinos más tradicionales del sur, cuyo líder fue Emiliano Zapata, quien era domador de caballos y conductor de pequeños propietarios y comuneros de ejidos, desplazados por la penetración de haciendas modernas de exportación.

Luego, el proceso fue un asunto de masas, que plantearon por primera vez una consigna que sería fundamental en Latinoamérica: la reforma agraria, el reparto de la tierra. Esa reivindicación fue altamente inspiradora para los líderes agrarios sudamericanos, que combatían a los gamonales y terminarían con la dominación oligárquica en las décadas posteriores.

Así, la Revolución Mexicana planteó una agenda que sería común a la región durante el resto del siglo XX. Ocasionalmente en la historia suceden acontecimientos con esa fuerza, clausuran una etapa e inauguran otra. Normalmente son revoluciones que alteran la relación entre las clases sociales y plantean nuevos desafíos, que alientan la movilización de otros pueblos.

En ese sentido, el siglo XX latinoamericano empezó en 1910, una década después del tiempo cronológico. Aparentemente está ocurriendo lo mismo con el siglo XXI, que sigue concentrado en problemáticas heredadas de la centuria anterior. Estamos a la espera, porque un acontecimiento fundador, de la potencia de la Revolución Mexicana, está aún delante nuestro.

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